jueves, 2 de agosto de 2007

Aviso: chiste asqueroso

Había una vez un hombre que tenía una loca pasión por las alubias pintas; las amaba, aun cuando siempre le producían situaciones embarazosas debido a estruendosas reacciones intestinales.

Un día conoció a una chica de la que se enamoró. Cuando ya era una realidad que se casarían, él se dijo a si mismo:

"Ella es tan dulce y tan gentil, que nunca aguantaría algo como esto".

Así que el tipo hizo el sacrificio supremo; y abandonó para siempre las alubias pintas.

La pareja se casó y, algunos meses después, un día él tuvo un accidente de coche mientras iba de casa al trabajo y llamó a su esposa:

"Cariño, llegaré tarde; tendré que caminar muchos kilómetros hasta llegar a casa".

De camino, se detuvo en una cafetería y no pudo resistir la tentación... pidió tres platazos de alubias pintas. Se pasó todo el camino a casa ventoseando cual motoretta tirando gases y al llegar a casa creyó estar lo suficientemente seguro de que había expulsado hasta el último gas intestinal. Su esposa estaba muy contenta por su llegada y agitada al verlo, exclamó:

"Mi amor, esta noche tengo una increíble sorpresa para cenar..."

Para su sorpresa, ella le vendó los ojos en la entrada de la casa y lo acompañó hasta la silla del comedor, donde lo sentó. Justo cuando ella le iba a quitar la venda de la cara, sonó el teléfono. Ella dijo:

"No te quites el vendaje de la cara hasta que vuelva de hablar por teléfono, por favor, cariño".

Tomando en cuenta la oportunidad de su inasistencia, y sintiendo inesperadamente una repentina e inaguantable presión intestinal, apoyó todo su peso sobre una de sus piernas y dejó escapar un viento de la sierra. No fue muy ruidoso, pero fue tan oloroso que sólo lo soportaría el autor del mismo. Sacó del bolsillo un pañuelo y empezó a moverlo vigorosamente para ventilar la habitación. Todo volvió a la normalidad pero de pronto sintió ganas de tirarse otro, por lo que volvió a apoyar el peso de su cuerpo sobre una pierna y lo dejó escapar. A diferencia del anterior, éste podía ser el ganador de un gran premio. Desesperadamente, movió el pañuelo para mover el aire y ventilar más. Con un oído atento a la conversación telefónica, le vinieron ganas de tirarse uno más, y se lo tiró. La cosa se puso difícil. Siguió desesperadamente, y con los ojos vendados, moviendo el pañuelo para hacer un poco de aire. Hasta que oyó que su esposa colgaba el teléfono, lo que indicaba el fin de su libertad. Colocó el pañuelo en su pierna y cruzó las manos encima, con una sonrisa de oreja a oreja, lo que sin duda alguna es la mejor imagen de una persona inocente.

Disculpándose por haber estado tanto tiempo al teléfono, su esposa le preguntó si se había movido el vendaje y había visto algo. Él le aseguró que no había visto nada y ella quita la venda de sus ojos y allí estaba la sorpresa:

Doce invitados a cenar, sentados alrededor de la mesa para su fiesta de cumpleaños sorpresa...

(¡Trágame tierra!)

(¿Y no había transporte público? Se habría evitado todo esto).

5 comentarios:

Rubén dijo...

¿Me lo parece a mí, o en los últimos días el ritmo de comentarios disminuye? Debe ser porque estamos en agosto y por lo tanto en vacaciones, ¿no?

pitterkas dijo...

son unas fechas dificilis para los blogeros, hay muchos q se cogen vacaciones, pero eso tu y yo no podemos hacerlo rubén, jajaja, acabamos de empezar, q dirian nuestros fans... x cierto, un chisto rico rico...

Yo dijo...

Jaja, menuda plancha!

Pues sí, es verdad, la gente está de vacaciones y se nota un poquito.

Feliz jueves!
Parece que hoy no hace tanto bochorno. Toco madera, no sea que me equivoque.

Kisses!

ninive drake dijo...

jajajaja, y qué bien se portaron los 12 sin decir ni mu y sin rechistar? o es que acaso ya estbana muertos la segundo pedo? eso sí que son invitados de piedra!! jajajajajjaaj

Yolanda dijo...

Lo tendré muy en cuenta la próxima vez que alguien me vende los ojos... jajaja! Que marrón!