El padre acababa de llegar del trabajo, cansado como siempre. Su hijo de seis años jugaba en el suelo del salón, cuando le vio llegar y corrió a darle un abrazo. El padre, empujando al niño suavemente hacia un lado, le dijo:
-Ahora no, hijo. Estoy muy cansado y quiero ver las noticias. Ve a jugar a tu cuarto, y no hagas ruido.
El niño, muy entristecido por la reacción de su padre, se fue cabizbajo.
Los días pasaban y la historia se repetía, hasta que un día, mientras el padre miraba el telediario, el niño llegó a su lado y preguntó, con voz tímida y los ojos llenos de admiración:
-Papá, ¿cuánto cuesta una hora de tu trabajo?
El padre, sorprendido por semejante pregunta, respondió:
-Eso no lo sabe ni tu madre, hijo. Y ahora déjame, que estoy intentando ver las noticias.
El niño, sin desanimarse, se puso frente al televisor y preguntó:
-Pero papá, sólo quiero saber cuánto cuesta una hora de tu trabajo.
El padre, ya impaciente y deseando que el hijo le dejase en paz, respondió:
-Unos diez euros, hijo. Ahora vete a la cama y no vuelvas a interrumpirme.
-Papá, sólo una cosita más...
-¿Qué pasa ahora?
-Papá, ¿me prestas tres euros?
Y el padre, alterado:
-¡Hay que ver! O sea que tú me mareas de esa forma, no me dejas ver las noticias, ¿¿y todo eso sólo para pedirme dinero para comprar porquerías?? ¿Para eso quieres saber cuánto gano? ¡Pues no voy a darte nada! ¡A la cama ahora mismo!
El niño, muy triste y llorando, obedeció.
Algunas horas después, tras reflexionar mucho sobre cómo había tratado a su hijo, al padre le remordía mucho la conciencia. Talvez el chico realmente necesitaba comprar algo que costase tres euros. Y además, no acostumbraba a pedirle dinero. Entonces decidió ir hasta la habitación del niño.
-Cariño, ¿estás durmiendo?
-No, papá.
-Perdóname por haberte reñido, hijo. He tenido un día muy difícil y he terminado gritándote a ti, que no tenías culpa de nada. Toma, aquí tienes tres euros.
El niño, de nuevo contento, se levantó, cogió los tres euros y dijo a su padre:
-¡Gracias papá!
Y recogió una cajita que tenía bajo su cama, la abrió y sacó las demás monedas que tenía guardadas, las juntó con las que acababa de darle su padre, y contó todo el dinero.
-¿Y por qué querías más dinero?, preguntó el padre.
-Porque no tenía suficiente, pero ahora sí tengo. Ahora, con los otros siete euros que yo tenía ahorrados, tengo suficiente dinero para comprar eso que yo quería tanto desde hace tanto tiempo.
-¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que tanto quieres comprar?
-Papá, ahora que tengo diez euros, ¿me vendes una hora de tu tiempo para que podamos estar juntos?








7 comentarios:
Jo, me has emocionado... aunque me lo olía. Qué tristes estas historias. A un hijo no hay que negarle nunca un ratito, por muy cansado que esté un@.
Un besazo.
Y tanto. Hay que aprovechar el tiempo siempre al máximo. Es un poco lo que yo decía hace algunos días de mi madre. Mañana puede ser tarde para hacer lo que no hagamos hoy.
¡Otro beso enorme para ti!
Yo también me he emocionado, que bonito, de estas cosas se acordará una la próxima vez que mi hermano pequeño me pida algo de mi tiempo jeje
¡Un beso!
jo hijo, que malancolico, yo tambien me he emocionado, hay q ver, quizas xq algo identificado con ese niño si que me siento, bonita historia...
joer que triste!!!!
es triste que un niño tenga que negociar hasta para estar con su padre, aún así no le culpo personalmente, la sociedad tiene gran parte de culpa!! por cierto, tu cumple cuando es?
Fijo... y demasiado bueno es el niño, que ni siquiera se enfada con el padre.
Mi cumpleaños es el 28 de agosto. Y me gusta todo tipo de regalos, jejeje.
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