Lo primero de todo, un aviso: armaos de paciencia y respirad hondo antes de seguir leyendo. ¡Es largo!
Antes de ser transportista, yo trabajé en un camping propiedad de un tío mío. No voy a mencionar el camping aquí, no vaya a ser que alguien piense que quiero hacer publicidad negativa. ¿Por qué negativa? Ahora lo cuento.
Mi primera vez fue con trece años (la primera vez que trabajé allí, me refiero). Fijaos, ni siquiera es legal trabajar con esa edad, pero entre que no me importaba y que (por qué no decirlo) yo no entendía nada de leyes (ahora apenas entiendo más que entonces), pues empecé con ello. Una tarde que yo estaba haciendo compañía a mi tío en recepción (él hacía, entre otras muchas cosas, el trabajo de recepcionista), él me preguntó: "¿Te atreves a ponerte aquí, y atender a la gente que vaya viniendo?". Yo pensé... ¿por qué no?
Aquél verano yo sólo estuve haciendo eso durante una semanita. Pero a partir del año siguiente, ya fueron los veranos enteros (julio y agosto, los dos meses más fuertes), y los puentes de semana santa. Es decir, las épocas de mayor movimiento vacacional del año, para ayudar en el trabajo. Los primeros años, cuando yo aún era muy joven y no necesitaba dinero para grandes gastos, mi tío me pagaba con regalos... un año un televisor, otro año un equipo de música, y cosas así. Y después ya empezó a pagarme en metálico. Yo trabajaba siete días a la semana, pero bueno, sólo era un total de poco más de dos meses al año, de modo que aquello se aguantaba bien.
Un día él me preguntó: "¿Ya te gustaría venir a trabajar fijo al camping? Podrías estudiar empresariales, y vendrías de gerente, a hacer el trabajo de oficina y todo eso". Yo, ni siquiera imaginando lo que me vendría encima, le dije que sí sin pensar. Al fin y al cabo, ¿dónde iba a encontrar trabajo fijo con mayor facilidad que allí? Así que fui a la universidad, hice la carrera de empresariales, y en noviembre del año 2000 fui para el camping.
Un inciso: en noviembre del 2000 yo tenía 27 años... puede parecer algo tarde para terminar una carrera, considerando que normalmente (si has ido aprobando todo, y tal) la carrera empieza a estudiarse con 18 años. Pero antes yo había estudiado otras cosas también (por ejemplo, informática de gestión).
Y fue entonces cuando empezó toda la mi... toda la porquería. Mi tío, era y es un adicto al trabajo. No sólo eso, sino que además, es una persona que nunca atiende a razones, él siempre tiene la razón en todo y el resto del mundo siempre está equivocado. En otras palabras, para él las cosas sólo están bien hechas si se hacen como a él le gusta hacerlas.
Lo cual quiere decir, entre otras cosas, que la proporción trabajo-descanso siguió siendo la misma que cuando yo iba esporádicamente a trabajar. Siete días a la semana, un mínimo de trece horas al día. El único tiempo libre que yo tenía, en todo el año, eran los 30 días de vacaciones. Y una vez cada dos semanas, en los meses más tranquilos, cogía el día libre para venir a Legazpia a estar con mi madre. (En verano, ya podía olvidarme incluso de eso).
¿Cómo consentía yo eso? Bueno... los dos primeros años lo aguanté relativamente bien. Cobraba muy bien, no tenía grandes gastos (nosajo... ¿cómo iba a tenerlos, si no salía de allí?), y yo me animaba a mí mismo diciendo: "Venga, eso significa que eres imprescindible para él"... y a mí no hay cosa que más satisfacción me dé, que sentirme necesario y querido.
Pero claro, no es posible luchar contra ciertas leyes de la física. Quiero decir: el que no descansa, no tiene fuerza para seguir trabajando. Y puesto que yo nunca descansaba, ¿qué hacía? Disminuir mi rendimiento: había empezado a "averiarme". De modo que, a lo último imperaba la ley del mínimo esfuerzo. Lo único que hacía ya, era pagar a los empleados, y cumplir con los plazos de las administraciones públicas. El resto del tiempo, sólo fingía que trabajaba, para que mi tío no sospechase nada.
Hasta que ocurrió lo inevitable: cierto día no aguanté más, y fui al médico: tuve que coger baja por stress. Y fue cuando decidí que me iba de allí: ¡yo no enfermo por culpa de ningún trabajo! Así que en cuanto cogí el alta médica, el 12 de julio de 2005 fui a darme de baja a mí mismo en la seguridad social (yo podía hacer eso porque tenía poder para firmar toda clase de documentos), y me vine a Legazpia. Si yo creía que con aquello había terminado todo, estaba muy equivocado.
Los meses siguientes fueron terribles. Mi madre con un disgusto de la ostia p'arriba, encima se me ponía en contra. Claro: ella no reconocía esto, y nunca lo hará, pero yo sé que le joribió sobremanera el hecho de que yo ya no fuese a cobrar los 25 kilos anuales que iba a cobrar en cuanto heredase el camping. Bueno... es mi madre y no voy a decir nada en contra de ella, pero si prefiere un hijo rico antes que un hijo sano... no sé qué pensar.
Cada vez que yo intentaba desahogarme con ella, quejándome de aquella maldita cárcel, ella decía "no mates a la gallina de los huevos de oro", y cosas parecidas. Y mis amigos sólo podían ofrecerme apoyo moral, que a la larga tampoco termina sirviendo de mucho. ¡Yo estaba sólo en el mundo!
Ahora me encuentro por la calle a un montón de gente que va o iba al camping, y a todos les digo lo mismo: a mí me fastidió dejar a mi tío allí colgado, porque es un hermano de mi madre y le quiero, ¡pero yo tenía que mirar por mi propia salud! Cuando no se puede más, no se puede más.
Cuando me fui de allí, mi madre estuvo un mes sin apenas hablarme, y si lo hacía, era únicamente para recriminarme el que hubiera dejado aquél trabajo. Y mi tío aún no me habla. Muy de vez en cuando, y de una forma muy forzada, me pregunta cualquier tontería que se le ocurre, pero con más voluntad que acierto. Claro, no se le puede pedir mucho, cuando sólo sabe hablar de trabajo (como ya he dicho antes, es un verdadero adicto... un enfermo, vamos).
Uffff... ¡y eso que lo he resumido! Podría seguir contando más y más cosas sobre los peores cuatro años y medio de mi vida, pero todo lo más importante ya lo he escrito aquí. ¿Seguís despiertos?
Moraleja: Hay que trabajar para vivir, y no vivir para trabajar.
Antes de ser transportista, yo trabajé en un camping propiedad de un tío mío. No voy a mencionar el camping aquí, no vaya a ser que alguien piense que quiero hacer publicidad negativa. ¿Por qué negativa? Ahora lo cuento.
Mi primera vez fue con trece años (la primera vez que trabajé allí, me refiero). Fijaos, ni siquiera es legal trabajar con esa edad, pero entre que no me importaba y que (por qué no decirlo) yo no entendía nada de leyes (ahora apenas entiendo más que entonces), pues empecé con ello. Una tarde que yo estaba haciendo compañía a mi tío en recepción (él hacía, entre otras muchas cosas, el trabajo de recepcionista), él me preguntó: "¿Te atreves a ponerte aquí, y atender a la gente que vaya viniendo?". Yo pensé... ¿por qué no?
Aquél verano yo sólo estuve haciendo eso durante una semanita. Pero a partir del año siguiente, ya fueron los veranos enteros (julio y agosto, los dos meses más fuertes), y los puentes de semana santa. Es decir, las épocas de mayor movimiento vacacional del año, para ayudar en el trabajo. Los primeros años, cuando yo aún era muy joven y no necesitaba dinero para grandes gastos, mi tío me pagaba con regalos... un año un televisor, otro año un equipo de música, y cosas así. Y después ya empezó a pagarme en metálico. Yo trabajaba siete días a la semana, pero bueno, sólo era un total de poco más de dos meses al año, de modo que aquello se aguantaba bien.
Un día él me preguntó: "¿Ya te gustaría venir a trabajar fijo al camping? Podrías estudiar empresariales, y vendrías de gerente, a hacer el trabajo de oficina y todo eso". Yo, ni siquiera imaginando lo que me vendría encima, le dije que sí sin pensar. Al fin y al cabo, ¿dónde iba a encontrar trabajo fijo con mayor facilidad que allí? Así que fui a la universidad, hice la carrera de empresariales, y en noviembre del año 2000 fui para el camping.
Un inciso: en noviembre del 2000 yo tenía 27 años... puede parecer algo tarde para terminar una carrera, considerando que normalmente (si has ido aprobando todo, y tal) la carrera empieza a estudiarse con 18 años. Pero antes yo había estudiado otras cosas también (por ejemplo, informática de gestión).
Y fue entonces cuando empezó toda la mi... toda la porquería. Mi tío, era y es un adicto al trabajo. No sólo eso, sino que además, es una persona que nunca atiende a razones, él siempre tiene la razón en todo y el resto del mundo siempre está equivocado. En otras palabras, para él las cosas sólo están bien hechas si se hacen como a él le gusta hacerlas.
Lo cual quiere decir, entre otras cosas, que la proporción trabajo-descanso siguió siendo la misma que cuando yo iba esporádicamente a trabajar. Siete días a la semana, un mínimo de trece horas al día. El único tiempo libre que yo tenía, en todo el año, eran los 30 días de vacaciones. Y una vez cada dos semanas, en los meses más tranquilos, cogía el día libre para venir a Legazpia a estar con mi madre. (En verano, ya podía olvidarme incluso de eso).
¿Cómo consentía yo eso? Bueno... los dos primeros años lo aguanté relativamente bien. Cobraba muy bien, no tenía grandes gastos (nosajo... ¿cómo iba a tenerlos, si no salía de allí?), y yo me animaba a mí mismo diciendo: "Venga, eso significa que eres imprescindible para él"... y a mí no hay cosa que más satisfacción me dé, que sentirme necesario y querido.
Pero claro, no es posible luchar contra ciertas leyes de la física. Quiero decir: el que no descansa, no tiene fuerza para seguir trabajando. Y puesto que yo nunca descansaba, ¿qué hacía? Disminuir mi rendimiento: había empezado a "averiarme". De modo que, a lo último imperaba la ley del mínimo esfuerzo. Lo único que hacía ya, era pagar a los empleados, y cumplir con los plazos de las administraciones públicas. El resto del tiempo, sólo fingía que trabajaba, para que mi tío no sospechase nada.
Hasta que ocurrió lo inevitable: cierto día no aguanté más, y fui al médico: tuve que coger baja por stress. Y fue cuando decidí que me iba de allí: ¡yo no enfermo por culpa de ningún trabajo! Así que en cuanto cogí el alta médica, el 12 de julio de 2005 fui a darme de baja a mí mismo en la seguridad social (yo podía hacer eso porque tenía poder para firmar toda clase de documentos), y me vine a Legazpia. Si yo creía que con aquello había terminado todo, estaba muy equivocado.
Los meses siguientes fueron terribles. Mi madre con un disgusto de la ostia p'arriba, encima se me ponía en contra. Claro: ella no reconocía esto, y nunca lo hará, pero yo sé que le joribió sobremanera el hecho de que yo ya no fuese a cobrar los 25 kilos anuales que iba a cobrar en cuanto heredase el camping. Bueno... es mi madre y no voy a decir nada en contra de ella, pero si prefiere un hijo rico antes que un hijo sano... no sé qué pensar.
Cada vez que yo intentaba desahogarme con ella, quejándome de aquella maldita cárcel, ella decía "no mates a la gallina de los huevos de oro", y cosas parecidas. Y mis amigos sólo podían ofrecerme apoyo moral, que a la larga tampoco termina sirviendo de mucho. ¡Yo estaba sólo en el mundo!
Ahora me encuentro por la calle a un montón de gente que va o iba al camping, y a todos les digo lo mismo: a mí me fastidió dejar a mi tío allí colgado, porque es un hermano de mi madre y le quiero, ¡pero yo tenía que mirar por mi propia salud! Cuando no se puede más, no se puede más.
Cuando me fui de allí, mi madre estuvo un mes sin apenas hablarme, y si lo hacía, era únicamente para recriminarme el que hubiera dejado aquél trabajo. Y mi tío aún no me habla. Muy de vez en cuando, y de una forma muy forzada, me pregunta cualquier tontería que se le ocurre, pero con más voluntad que acierto. Claro, no se le puede pedir mucho, cuando sólo sabe hablar de trabajo (como ya he dicho antes, es un verdadero adicto... un enfermo, vamos).
Uffff... ¡y eso que lo he resumido! Podría seguir contando más y más cosas sobre los peores cuatro años y medio de mi vida, pero todo lo más importante ya lo he escrito aquí. ¿Seguís despiertos?
Moraleja: Hay que trabajar para vivir, y no vivir para trabajar.








14 comentarios:
me lo tomo al pie de la letra, y mi úlcera también, es verdad, yo tampoco tengo grandes gastos, por que no tengo tiempo para gastármelo (lo poco que me deja la hipoteca pero bueno), pero esto empieza a cambiar, nadie me quita 1 o 2 cenas fuera a la semana y más domingos con la familia, a ver si mañana me da un jamacuco y no les he podido decir 4 cositas a los míos!!!! eres un sol, no sé si el post iba por mí, pero me ha sentado de maravilla!!! y ole tus huevos porque habiendo parentesco por medio es mucho más difícil!!
muakaaaaaaaaaaa
Dí que sí, Rubén, que primero eres tú que cualquier trabajo, por muy bien pagado que esté o por mucha herencia que te pudieran dejar. La salud es lo primero. ¿De qué sirve el dinero si no tienes salud ni ganas para disfrutarlo?
Recupera a tu tío como persona, como amigo, como familiar tuyo que es... eso sí. Es triste estar de mal rollo con la familia. Te lo digo por experiencia (no nos hablamos con la familia de mi marido) y a la larga, aunque uno tenga la conciencia tranquila sabiendo que no fue culpa de uno mismo, piensas que es la tontería más grande y que es una lástima, porque los años perdidos ya no se recuperan jamás y la familia y los amigos, al fin de cuentas, es lo único que nos queda.
Un besazo enorme.
Ay, espera... se me había olvidado.
¿Te vas a Galicia o no? Lo digo por el tiempo como está. Ya nos dirás.
Si es que sí, mucho cuidado por la carretera.
Un abrazo.
No sabéis cuánto agradezco vuestro apoyo, chicas. No os merezco.
¡Un besazo! (A ver cómo os lo repartís, jejeje).
Sí, finalmente sí que voy. Pero saldré el viernes, y no mañana como al principio había previsto. Y volveré también un par de días más tarde. De ese modo estoy allí el mismo tiempo, pero disfruto de dos fines de semana en lugar de uno.
Tendré cuidado, ahí sí que no hay peligro. Tengo claro que si tengo un accidente, será por culpa del otro. ¡Muchísimas gracias!
MUACK!!!
Un "post-data" (que no he recordado escribirlo porque ya estaba apurado por la longitud del post): Como bien dices, Ninive, no sé si hay cosa peor que trabajar con la familia. La confianza que les da el hecho de que entre nosotros haya lazos de sangre, hace que abusen más.
Vaya, menuda historia. Yo en tu caso hubiera hecho lo mismo, no sea que acabaras como tu tío. De hecho supongo que así habría sido si hubieras heredado el camping... En fin, que creo que hiciste lo correcto jeje. Tu madre es normal que lo viera así, todas las madres son iguales (con cariño, eh?)
Así que a Galicia finalmente. Me alegro, espero que puedas pasarlo muy bien por allí. Tráenos algunas fotos y algo de ese aire tan fresquito que hace por allí.
Te cuidas, ¡Un beso!
Madre no hay más que una... ¡y menos mal! (Con cariño también, jejeje).
Ya lo creo que os pondré fotos, Shu... ¡gracias y un gran beso!
otro besazo para tí!!!!
es que crei que eras leo, pero me da que serás virgo!!!
el mio es el 11 M
A) En Galicia el tiempo está revuelto, aire frío y nubes y claros
B) A los fisioterapeutas les pasa lo mismo, sólo se habla del puto trabajo. Me tocan la moral, porque como todos "supuestamente" son unos lumbreras, por la nota de corte...pues eso! Que si la microonda en los cuadros tal..que si el drenje linfático de la escuela tal...
ROMPEDORES DE GÜEVOS!
C) Yo seguiría en la empresa, cueste lo que cueste y más si la ibas a heredar.
Eso de ser un adicto al trabajo es algo que no me pasará nunca. La ley de mínimo esfuerzo rige mi vida desde muy jovencito...
Aprovecho la ocasión para decirte a ti Rubén, y a todo el que le apetezca leer sobre fútbol, por supuesto, que tras unos dias de poco movimiento, "A Contrapié" vuelve a tener novedades.
Os espero. Un saludo.
Ninive diho:
"es que crei que eras leo, pero me da que serás virgo!!!"
Y yo os juro que he leído:
"es que creí que eras lelo, pero me da que serás virgen!!!"
O_o
Toy fatal! He tenido que leerlo 2 ó 3 veces. No entendía nada, jajaja!
Ya me voy, ya me voy... xDDDD
O sea, que ser virgen es de listos, JAJAJAJA. ¡Eso ha estado muy bien! XDDDD
Jajajaja!!
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